Llena de ganas por un café caliente para abrigarse con la espuma del capuchino ante este clima que llueve y solloza por ahora lentamente.
Después de 2 cigarros bien inhalados, espera uno a que la odisea del trayecto de sur a norte valga la pena, tanto ajetreo por nada mas saber el precio de un libro, por resguardarse en el santuario cafetero, profético, sin nada en la panza mas que unos dulces que animan el paladar.
Quiero que el deseo del resguardo se cumpla antes de que las circunstancias estén en contra; antes de que llueva mas fuerte y que el transporte publico se inunde de hedores humanos, de miradas cansadas en el regreso a casa.
Y así como así, la escritura acompañante de los solitarios hace una pausa ante la desesperante espera. Hace que los pensamientos enclaustrados por la rutina y la procrastinación salgan disparados como granos de café para alentar en que al menos una mesa se desocupe y el plan inútil cobra efecto.






